viernes, 10 de enero de 2014

2daParte: Nostradamus 2013~Carta a Cesar.

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Refiriéndome en fin a la verdad de esta palabra del Salvador: "no darás a los perros lo que pertenece a la santidad, no arrojarás las perlas a los cerdos, por temor a que las pisoteen y volviéndose juntos contra vosotros, os despedacen".

Por todas estas razones me había resuelto a privar de mi lengua al pueblo y de mi pluma al papel.

Después, yo cambié de opinión, y tomé un partido diferente: extender el empleo de mis luces al conjunto de los acontecimientos futuros, tan lejos como me fuera posible percibirlos, comprendiendo aquellos cuya comunicación me parecía lo más urgente, y dirigirme, no a algunos, sino al pueblo entero de los hombres y a la época que habrá visto el acceso de ellos a la cosa pública. Además, sabiéndo la fragilidad de los hombres, y no queriendo arriesgarme nunca a escandalizarla, cualquiera que sea la mutación que se produzca en las mentalidades, decidí expresarme en sentencias cortas, tejidas unas con otras, y cuyo sentido quedaría oculto, tras de severos obstáculos: todo esto debía ser redactado bajo forma nebulosa, como conviene muy particularmente a estas profecías de las que está escrito: "tú has escondido estas cosas a los sabios y a los prudentes, al saber de los poderosos y a los reyes, pero las has entregado como frutos limpiados de sus semillas a aquellos que pesan poco sobre el suelo (?)y que no entorpecen el espacio"...?

Los profetas del pasado, que vieron las cosas lejanas y que previeron los acontecimientos futuros, habían recibido de Dios y de sus ángeles este "espíritu de vaticinacion" sin el cual ninguna obra puede llevarse a término. Mientras este espíritu de vaticinacion permanecía en los profetas, el poder que les comunicaba era inmenso y ellos esparcían sus beneficios sobre todo aquello que les estaba sometido. Existen otras realizaciones posibles además de las realizaciones sublimes de los profetas, y, por analogía entre sus finalidades respectivas, estas dependerán de nuestro "buen genio" exactamente como aquellas dependían de Dios. A fin de permitirnos estas menores realizaciones, el espíritu de profecía acerca a nosotros su calor y su poder, así como hace el Sol con nuestras personas físicas cuando, habiendo lanzado sus rayos sobre los cuatro elementos deja su influencia, de vuelta por esos elementos, esparciese también sobre los cuerpos no elementales como son los nuestros. En cuanto a nosotros, como simples seres humanos, no somos capaces de penetrar, por el solo ejercicio de nuestras facultades y talentos naturales, los secretos insondables de Dios creando el Universo: "porque no nos ha sido dado conocer los tiempos ni los momentos, etc.".

No se trata de que en nuestra época, no puedan existir o aparecer ciertos personajes, como fue en el pasado, a quienes Dios el Creador quiera revelar, por medio de imágenes impresas por El en su espíritu, algunos secretos del porvenir armonioso de acuerdo con los juicios astrológicos. Para este resultado, una clase de llama surge en estos personajes, exaltando su facultad volitiva, inspirándolos, y haciéndolos discernir en las cosas futuras aquello que será hecho por el hombre y aquello que será hecho por Dios. Porque la obra divina, si bien es absoluta en su totalidad, no lo es en sus partes. Esas partes son tres: los ángeles, (los buenos), los malos y entre los dos el hombre y sus poderes; esto deja a Dios todo el campo posible para realizar y terminar su obra como El la entiende.

Pero me parece, hijo mío, que te hablo aquí en un lenguaje demasiado complicado.

Para volver a mi exposición, te diré que existe otra clase de predicción oculta, que nos viene oralmente y bajo la forma poética del "sutil espíritu del fuego". Esto nos llega alguna vez cuando, como consecuencia de una más alta contemplación de lo que en realidad son los astros, ese sutil espíritu del fuego se apropia de nuestro entendimiento. Entonces nuestra atención se hace más vigilante y muy especialmente a las percepciones del oído: comenzamos a oír frases con carencia rítmica, sin ningún temor y olvidando toda vergüenza, largas series de sentencias, perfectas ya para ser escritas. ¡Pero qué! ¿Esto no se produce también por el don de la adivinación, y no procede de Dios, Del Dios que transciende el tiempo, y del que proceden todos los otros dones?

Aunque hijo mío, haya puesto adelante la palabra Profeta, no creas que yo me quiero atribuir título de tan alta sublimidad, sobre todo teniendo en cuenta el tiempo presente. Acaso No está escrito: "aquel que hoy es calificado de Profeta, ¿antiguamente hubiera sido nombrado vidente?". Profeta, en efecto, es propiamente aquel que ve las cosas situadas completamente fuera de la posibilidad del conocimiento natural, y no digo solamente del hombre, sino de todo ser creado. Que si tu pensaras que el Profeta pudiera, mediante la luz profética, la más perfecta, captar el todo de una cosa, sea divina, o aún humana, yo te respondería que no es posible, visto que dicha cosa extiende en todas direcciones ramificaciones indefinidas.

Si, hijo mío, los secretos de Dios son incomprensibles; y si la virtud que produce las causas futuras puede andar durante largo tiempo en estrecho contacto con el conocimiento natural, las causas que nacerán de ella escaparán seguramente a ese conocimiento natural: partirán, en efecto, de otro de sus orígenes, el último y más determinante de todos, el "libre arbitrio"; esto hace que no sabrán adquirir ninguna condición capaz de hacerlas conocer antes de su realización, ni por humanos augures, ni por ninguna inteligencias sobrehumana o potencia oculta existente bajo la concavidad del cielo. Lo cual resulta también de este hecho supremo: una Eternidad Total, que reúne en sí todos los tiempos.

Pero por lo mismo que esta eternidad es indivisible, los impulsos continuos que de ella emana no pueden sino inscribirse, con todo rigor aunque de manera simbólica en el movimiento de los astros: de aquí la posibilidad de llegar a la causa para quien posee el conocimiento de este movimiento.

No digo, hijo mío, y me entenderás un día, aunque toda noción de estas materias sea hoy vedada a tu débil entendimiento, no digo que muchas causa futuras, y aún muy lejanas, se encuentran fuera de la comprensión de la criatura racional. No es así, toda vez que esas causas futuras han de ser engendradas por el alma intelectual de las cosas presentes. Por lejanas que ellas sean, esas causas futuras no son ni demasiadas ocultas ni difíciles de situar en su cadena causal.




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